La Didache (Didajé), o Enseñanzas de los Doce
Apóstoles, fue escrito entre el año 65 y 80 A.D. y encontrado en 1873 en
Macedonia, cerca de Constantinopla. Es el primer catecismo escrito que
conocemos. Reconocido con gran estima por los Padres de la iglesia. Por este documento sabemos como ellos
interpretaban las enseñanzas de los Apóstoles y como vivían. Codifica las
reglas de vida que deben saber los cristianos de manera práctica para la
enseñanza.
La estrecha relación entre la Didaché y el
Evangelio de Mateo es la redacción del Padre
Nuestro (Did 8,2). Existen dos redacciones del Padre Nuestro, recogidas por
San Mateo (Mt 6, 9-13) y San Lucas (Lc 11, 1-4) que difieren
significativamente. Orígenes explicaba estas diferencias suponiendo que Jesús
de Nazaret ofreció dos versiones distintas de la misma oración en dos ocasiones
diferentes. Actualmente se tiende a pensar que la versión de Lucas es más
próxima en contenido al original mientras que Mateo habría mezclado otros
dichos de Jesús ajenos a esta oración. Esto no quitaría, pese a todo, interés a
la versión de Mateo porque, estando las dos fórmulas redactadas en griego, el
griego de Mateo sería más fiel al arameo empleado originalmente en la oración
(cf. La traducción inversa de Mateo sugiere que el
original arameo contendría un título y cinco estrofas de dos versos. (Brown p.
178). Además de las versiones evangélicas, la Didaché
ofrece una tercera versión, similar en casi todo a la de Mateo.
Padre Nuestro, que estás en los cielos
santificado sea tu nombre
venga tu reino
hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy el pan nuestro de cada día
y perdónanos nuestras ofensas
así como nosotros perdonamos a los que nos ofenden
y no nos dejes caer en la tentación
y líbranos del Maligno. (Did 8,2)
Después de esto, añade una doxología o alabanza,
ausente en la redacción de Mateo:
Porque tuyo es el Poder y la Gloria
por los siglos. (Did 8,2).
y que hace de esta versión la más larga de todas.
El Padre Nuestro debía rezarse cada día tres veces (Did 8,3), a ciertas horas
que, según Clemente
alejandrino (siglo III) serían tercia, sexta y nona (9h, 12h y 15h). Estos
rezos debían combinarse con ayunos. En este punto, la comunidad cristiana
buscaba diferenciarse de los judíos. Si estos ayunaban el segundo y el quinto
día de la semana (lunes y jueves), en la comunidad del didaquista los ayunos se
prescribían el cuarto y el día de la preparación (miércoles y viernes) (Did 8)
(Cf. Drapper 2006:179)
Soporte Bíblico de Padre Nuestro según el Catecismo
de la Iglesia Católica
El Padre nuestro
Jesús
nos enseñó esta insustituible oración cristiana, el Padre nuestro, un día en el
que un discípulo, al verle orar, le rogó: “Maestro, enséñanos a orar” (Lc 11,
1). La tradición litúrgica de la Iglesia siempre ha usado el texto de San Mateo
(6, 9-13).
Padre
nuestro, (como hijos de Dios nos presentamos
ante Él con toda humildad, podemos invocarle con familiaridad y confianza
podemos decirle “Abba” Gal 4,6; Mc 14, 36)
que estás en el cielo, ¿Dónde esta Dios? El está en cualquier lugar, especialmente en el cielo, en la tierra y en el Santísimo Sacramento del Altar y más aún cerca de quienes lo invocan (Sal 145)
santificado sea tu Nombre; Santificar el nombre de Dios es reconocerle como Santo, confesar y Proclamar que Jesús es el Señor (Fil 2, 9-11) por cuyo nombre podemos ser salvados (Hch 4, 12)
venga a nosotros tu Reino; (Pedir que venga el Reino de Dios es esperar la venida gloriosa del Señor al final de los tiempos. Es el grito del Espíritu Santo y toda la Iglesia Ap 22,2; cf I Cor 16,22)
hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo; (La voluntad de Dios se cumple cuando confiamos en que está con nosotros en todos los momentos de nuestra vida, incluso en los sufrimientos, aunque tengamos la impresión que se mantiene lejos. Su voluntad es que seamos “verdaderamente hijos de Dios guiados por el Espíritu de Dios Rom 8, 14; Ef 1, 9; I Tim 2, 3-4)
Danos hoy nuestro pan de cada día; (cuando pedimos a Dios nuestro pan de cada día nos referimos a todo los que necesitamos ara la vida el pan eucarístico, pan y agua, calor y techo, trabajo y compañía y su bendición. El Señor nos pide “Busquen rimero el Reino de Dios y u santidad y toda las demás cosas les vendrán por añadidura (Mt 6, 32)
perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; la súplica “Perdona nuestras ofensas” es una oración que todos debemos pronunciar porque nadie esta libre de culpa. Estamos totalmente presos en una red de injusticias y si pensamos que la venganza es la única reacción posible ante un injusticia que padecemos insultamos a Dio. Jesús no muestra que podemos romper esa red, rezando por los que nos persiguen (Mt 5, 44; Mt 6, 15; Mc 11, 25. El desbordamiento de misericordia no puede penetrar en nuestro corazón mientras no hayamos perdonado a lo que no han ofendido (Mt 18)
no nos dejes caer en la tentación, (La tentación significa ser puesto a prueba, hacer una experiencia que amenaza mi equilibrio y exige una “decisión del corazón”. Se “cae” en la tentación. En la tentación se halla en juego mi libertad. Se trata de mí y de mi relación con Dios. Resistir la tentación debemos dirigirnos a Jesús (I Cor 1 13) También aquí pedimos por la gracia de la perseverancia hasta el final de nuestra vida (Ap 16,15)
y líbranos del mal. Aquí le presentamos a Dios todas las miserias del mundo. Como cristianos no creemos solo en el mal sino también en el Maligno (Jn 17, 15; Ap 12, 9). “Cuando Moisés le rogó a Dios por su pueblo, Dio renunció a lanzar los males que les iba a mandar (Ex 32, 14; Jn 3, 10)”.
Amén; refrendamos todo lo dicho pedido y prometido (Así sea).
http://www.vicariadepastoral.org.mx/7_compendio_cec/compendio_cec_18.htm & Catecismo de la Iglesia Católica
Todo proviene de Cristo, todo vive en Cristo
y tiende hacia Cristo.
Glorificado sea su Santo Nombre.
Amén

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